La creación de Horror Vacui (I): origen, título y estructura del relato

Proceso creativo horror vacuiProbablemente este sea el relato que menos tiempo ha estado en mi cabeza. Lo que había escrito hasta ahora eran ideas que habían surgido años antes de materializarse. Sin ir más lejos la idea de La paradoja de Teseo fue una idea con la que llevaba por lo menos cinco años. Eso la mayoría de las veces no quiere decir nada, porque el grueso de la historia, alrededor del 80%, aparece cuando realmente me pongo a escribirla, pero el tiempo sí que ayuda mucho  a añadir detalles, subtramas, características de los personajes etc. De repente estoy viendo una película o leyendo un artículo y pienso que ese tipo de personaje o ese problema va ni que pintado para tal historia. Y así el relato crece no en su contenido concreto sino en todo aquello más secundario.

En el caso de Horror Vacui no fue así. No tenía ningún apunte ni había desarrollado mucho el esqueleto de la historia. Entonces ¿por qué ponerme a escribir un relato que llevaba a lo sumo unos meses conmigo? ¿Por qué no escribir alguna otra historia más antigua, que llevase más tiempo esperando? Pues todo surgió cuando quedé finalista del certamen del premio Alberto Magno del 2013 con La paradoja de Teseo. Este es un relato que llevaba años pensando, que había comenzado a escribir también hacía tiempo y que creo que es un gran relato con muchísimo contenido para que al lector le haga reflexionar. Así que cuando lo mandé al concurso Alberto Magno, para que nos vamos a engañar, pensaba que podía tener posibilidades de que me premiasen. Sé que ganar un concurso es algo muy difícil, que depende de muchas variables que no son meramente literarias, así que si el relato no hubiese quedado ni finalista no me hubiese extrañado. Pero he aquí que quedé finalista, pero no gane ni el primero ni el segundo premio, es decir, que al jurado le había gustado (lo cual me indicaba que no andaba equivocado en cuanto a la calidad del relato), pero no lo suficiente para premiarme. Y eso me hizo preguntarme ¿por qué? ¿Que tienen los otros dos relatos que no tiene el mío? Estaba seguro de que no era profundidad y casi seguro que tampoco era calidad literaria y aún así había algo que le faltaba a mi relato para ser ganador.

Así que como poco tiempo después el ganador del 2013, Santiago García Albas (un veterano en el concurso) publicó con Sportula El rey Lansquenette, me lo compré y lo leí. Y ahí creo que descubrí cual había sido mi mayor pecado en La paradoja de Teseo: la escasa especulación científica. Es verdad que es un relato de ciencia ficción y que la historia sin esta no tendría sentido, pero no es un elemento presente en todo el relato. Así que decidí que al año siguiente me presentaría con un relato que tuviese la misma profundidad filosófica, que estuviese igual de bien (o mal) escrito y con una diferencia: que la presencia de la especulación científica fuese más predominante. Y ese relato fue Horror Vacui, por eso me decidí a escribirlo porque creía que podía tener una gran posibilidad de alzarse con algún galardón. A la postre resultó ganador. O sea que no andaba muy equivocado en mis apreciaciones y me confirma lo difícil que es ganar cualquier concurso, pues cómo espero mostraros, a pesar de todo el trabajo y calidad literaria, hay un factor suerte imponderable que este año cayó de mi lado y del otro ganador, pero que dejó fuera a tres finalistas que estoy seguro que también presentaron trabajos impecables.

Una vez que hube decidido escribir el relato, un título me eligió. (A partir de aquí habrá spoilers, así que si no lo has leído todavía te recomiendo hacerlo). Una de las primeras cosas que suelo elegir es el título. Como reconoce Umberto Eco, el título suele dar una pista o una dirección para interpretar la obra. Por eso suelo elegir alguno, porque así antes de escribir ya sé qué es lo que quiero decir o sobre qué tema va a tratar. Después puede aparecer uno mejor o uno que se ajuste más, pero me ayuda a conducir la obra. En este caso el título original ha sido el que finalmente se ha quedado, probablemente porque no he estado mucho tiempo dándole vueltas. Aún así una vez enviada al concurso se me ocurrió otro título: Retazos de tu ausencia, que hace más hincapié en la historia personal de él. De todos modos Horror Vacui es un título que me gusta y que se ajusta de forma perfecta a la historia. Al fin y al cabo el cerebro siente una necesidad imperiosa de rellenar los vacios y sinsentidos de la vida, que es sobre lo que pretende reflexionar el relato, por lo que el título es una de las cosas que menos explicación necesita.

No recuerdo si el título fue antes o después de desarrolar la idea principal (normalmente hasta que me pongo a escribir la historia en sí suelo abrir un documento de apuntes para ir tomando nota de cosas que se me ocurren para incluir en el relato y que lleva el título provisional, en este caso no lo hice), pero con seguridad el desarrollo de la idea en mi cabeza y el título fueron más o menos al mismo tiempo.

La siguiente cuestión sobre este proceso sería: ¿La idea o inquietud que lo originó todo de donde proviene? Como dice la cita de Nietzsche al comienzo del relato una idea viene cuando ella quiere, no cuando yo quiero por lo que decir de dónde viene siempre es arriesgado y especulativo de establecer, pero como Jack Miller intentaré ceñirme a la verdad (o lo que yo creo que es la verdad) lo máximo posible.

Hace un  año o poco más que leí un artículo sobre los Big data (la inteligencia de datos) y me atrajo tanto que leí un par de libros sobre ello. Me parecía un tema interesantísimo y que podía dar para un relato. Como los Big Data tenía que ver con predecir el comportamiento futuro de la gente (no de un individuo concreto), pensé que el tipo de historia que más le convendría a ese relato sería el de Minority Report, la película de Spielberg. Esta pertenece al subgénero dentro de la ciencia ficción que se llama technoir que es una mezcla de cine negro con elementos de ciencia ficción. Tal vez la representante más conocida de este subgénero sea Blade Runner, pero hay otras grandes películas como Dark City (si no la has visto ya estás haciéndolo) o Días extraños. Los elemento básicos de este sub género son similares a los del cine negro: un caso (normalmente de asesinato) asignado al detective, policía… que inicia la investigación, un personaje protagonista que debe ser un anti héroe, narración con una voz en off (habitualmente la del protagonista), el uso de flash-back para contar el oscuro pasado del protagonista, alguna mujer fatal y tratándose de technoir elementos de ciencia ficción. Como podéis comprobar los que habéis leído ya el relato, todos estos elemento (menos el de la mujer fatal), se encuentran claramente en mi relato: la muerte de un individuo por el polvo inteligente es lo que lleva a Jack Miller a su investigación; él es un ex alcohólico que sabemos ha estado ingresado en un psiquiátrico (nada que ver con un pasado modélico); el suso de elementos tecnológicos como  el polvo inteligente y el uso de de la voz en off y los flash back que creo es uno de los mayores aciertos (si no el mayor) del relato en esos informes psiquiátricos a través de los cuales podemos reconstruir e interpretar su historia.

Digo que es el mayor acierto porque creo que  el contenido del relato (el cerebro hace interpretaciones de la realidad rellenando los huecos que le falta) se ajusta perfectamente con la estructura: los anexos que se muestran dejan ver que hay muchos más y ni tan siquiera estos están completos, son fragmentos por lo que el lector deberá reconstruir esa historia como pueda. A través de la estructura intento poner en obra lo que la historia cuenta de manera teórica.

Esto es probablemente una de las mayores dificultades de la literatura: encajar materia y forma, contenido y continente y yo espero haberlo conseguido en este relato. Probablemente la idea de hacerlo así se lo debo a dos obras: una el maravilloso cuento de Ted Chiang: La historia de tu vida (si no la has leído la estás buscando ya) en la que la estructura y el contenido forman una unidad como el ying y el yang. Casi con toda seguridad fue él el que me hizo recordar esta necesidad.

La otra influencia para esta estructura es la de Watchmen, el comic (otro relato con estructura de novela negra, ¿una casualidad?). Es curioso que sin quererlo, sin ser consciente me encuentro utilizando recursos de este comic en casi todo lo que he escrito. Creo que lo he releído tantas veces (durante 15 años mínimo dos veces al año) que creo que se ha inscrito en mi cerebro como la talla en la piedra. Cuando escribo algo siempre soy capaz de encontrar algún elemento de este magistral comic: una característica de un personaje, una resolución de una escena, una forma de dialogar o como en este caso, de forma mucho más evidente, imitando esas páginas finales que acompañaban a la historia principal y que nos aportaban nuevos datos sobre los personajes a los que veíamos deambular por ese nostálgico mundo: tales como los extractos del libro de Hollis Mason o el informe psiquiátrico de Waltrer Joseph Kovacs. Lo que dotaba a ese universo de una dimensionalidad que no puede por menos que recordarme a Borges.

Así, con todo esto, la estructura de la historia estaba ya hecha. A partir de aquí solo tenía que dotarla de contenido, algo que deberé dejar para el siguiente post:

El proceso creativo de Horro Vacui II: el contenido

 

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