Sobre un supuesto derecho a tener – buena conciencia por filantropía

“La buena conciencia es la obra maestra del diablo”

Esta acertadísima sentencia del cardenal Newman viene a cuento por el incidente que ocurrió en Twitter el otro día en el que varios espectadores del programa Mujeres, hombres y viceversa se quejaron de que el comienzo de su programa favorito fue retrasado por las noticias sobre el accidente aéreo y muchos otros twitteros se lo reprocharon. Quiero analizarlo porque creo que en este caso se refleja muy bien eso que también podríamos llamar el fenómeno de los buenos europeos.

homer conciencia
Un siglo antes de que el Cardenal Newman dijera esto, ya Kant había analizado el fenómeno de la buena conciencia. Kant decía que el deber, aquello que nos impele a hacer algo, que nos dice debes hacer esto, debes hacer esto otro y NO debes hacer aquello, este deber (para entendernos podemos llamarlo conciencia moral) es infinito. Esto quiere decir que su exigencia es tan grande que nosotros, seres finitos, nunca podremos cumplirlo en esta vida. El deber es absoluto, categórico e incondicional y nosotros somos relativos, limitados y condicionados. De esto se puede concluir que: por mucho que creamos que hacemos el bien, que creamos que hacemos lo que se DEBE hacer, nunca deberíamos sentirnos satisfechos porque siempre quedará algo por hacer (bien). Es decir, nunca deberíamos tener buena conciencia del trabajo bien hecho porque el deber sigue exigiendo lo mejor de nosotros.

Es más, Kant diferencia entre actuar conforme a deber y actuar por deber. Eso quiere decir que a veces hacemos lo correcto pero no por las razones correctas, como cuando decidimos no robar porque tenemos miedo a que nos pillen. Actuamos bien sí, pero no porque pensemos que no robar es algo malo, sino por miedo. Esto según Kant no es un comportamiento ético, puesto que necesitamos de una instancia externa (la ley) para comportarme bien, mientras que la ética tiene que partir de la reflexión racional del individuo no de algo o alguien externo que me tenga que decir qué está bien y mal. De lo que se sigue que incluso aunque pensemos que hemos actuado bien, no deberíamos tener buena conciencia porque nunca podemos saber si actuamos conforme a deber o por deber, si actuamos por egoísmo o por el bien en sí. ¿Acaso no hemos sentido a veces la recompensa en forma de endorfinas por realizar una buena acción o hemos dejado de hacer algo por el miedo a sentirnos culpables? En ambos casos para Kant sería un comportamiento egoísta y no ético. La buena conciencia no sería así más que la recompensa natural que recibimos por la buena acción y por tanto algo que no depende de nuestra libertad.

Por concluir esta demasiada extensa explicación introductoria que espero se justifique en mi análisis posterior: para Kant solo cabría, en el mejor de los casos, una posibilidad para la buena conciencia, cuando hago algo porque racionalmente creo que es lo que se debe hacer con independencia de lo que yo subjetivamente piense, sienta…

Y ahora el caso que nos concierne: http://www.elmundo.es/enredados/2015/03/25/5511bbc5ca4741465a8b4575.html

Las televisiones programan con antelación sus contenidos y los telespectadores esperamos a la hora programada para ver esos contenidos. En este caso los espectadores de Mujeres, Hombres y viceversa esperaban su programa tal como estaba anunciado y se encuentran con que su programa ha sido pospuesto. ¿Tienen razón en enfadarse? Sé que la primera respuesta que nos sale es no, porque creemos que es más importante cubrir una noticia de ese calibre que un estúpido programa de descerebrados. Pero debemos ser racionales, no emocionales. La descalificación del programa no debe servir de justificación para que se retrase. No es la calidad del programa lo que se juzga sino su retraso en la programación. Para ver si tienen razón por tanto debemos analizar las razones por las que se pospone el programa. Ha ocurrido una tragedia y 150 personas, por lo menos 40 de ellas españoles, podrían haber muerto. ¿Acaso no es suficiente razón para posponer el programa? Pues de momento tampoco. Porque todavía no hemos mostrado que el interés por esa noticia sea racionalmente más importante que el interés por el programa MHyV. Como se suele decir, para gustos colores y desde el punto de vista ético-racional no se puede decir de momento que la noticia sea más importante que el programa. Solo se podría juzgar desde el punto de vista estético, es decir, se podría sostener si acaso que ese programa es de mal gusto y por tanto se juzga peor a cualquier otro. Pero eso es un juicio estético y no ético y como dije para gustos colores.

Pero ¿acaso 150 muertes no justifican desde el punto de vista humanitario (filantrópico) la importancia de la noticia? Pues aquí debemos decir que tampoco. En principio se justifica que den la noticia, que nos informen de qué ha pasado: en aquellas horas que 150 personas viajaban en un avión de pasajeros que se ha estrellado. No había mucho más que decir. Todo lo demás: cotilleo y alimentación del morbo y nuestro deseo subjetivo de saber qué ha ocurrido. Es más, aquellos que acusaron a los telespectadores de MHyV de insensibles por sus mensajes (no defiendo los que insultaron y descalificaron a las víctimas, sino solo los que se quejaron porque posponían el programa) se les podría contestar que mueren cada día 19000 niños por causas que se podría haber evitado y nos importa una mierda. No exigimos más noticias, ni saber quienes son, ni exigimos que dediquemos todo el tiempo televisivo a hablar de esas tragedias. ¿Por qué? Porque no nos importa tanto como las muertes del avión. Pero ¿acaso desde el punto de vista racional no son personas y sus vidas valen tanto como las nuestras? Sí y por eso puedo afirmar que la necesidad de conocer más detalles sobre el accidente de avión no se basa en una racionalidad sino en un deseo y gusto subjetivo. Y esta es la cuestión, ¿por qué vale más mi gusto que el gusto de los telespectadores de MHyV? Y volvemos a decir, solo desde el punto de vista estético se podría justificar, ni ético ni racional. De hecho lo que nos hace creer que lo que nos gusta a nosotros es más importante que sus gustos es lo que se conoce como sesgo del falso consenso: creer que nuestra opinión está más extendida entre los demás de lo que realmente está.

Y puedo entender lo que hizo Telecinco, creer que tendría más audiencia por seguir hablando del avión que con el programa MHyV. Pero eso lo hace a costa de no cumplir el contrato tácito que tiene con los telespectadores de ese programa, lo que justifica automaticamente toda queja.

Y repito, la supuesta tragedia (que ni tan siquiera creo que pueda llamarse tragedia) desde luego que no es una tragedia universal, tal como me ha señalado mi buen compañero Javier Panadero. En el mejor de los casos es una tragedia nacional, porque había cincuenta víctimas españolas. Pero me inclino a pensar que es una tragedia personal, porque nos preocupa ya que son españoles, más cercanos a nosotros y por tanto nos afecta de forma personal. Por eso ¿es tan difícil entender que haya gente que no le afecten esas víctimas y que prefiera ver su programa preferido? Yo creo que no, porque lo que nos afecta o no, lo que nos gusta o no, lo que deseamos ver o no, pertenece al orden de lo subjetivo, al orden de aquello que habíamos dicho no se debía juzgar (desde el punto de vista ético) y por lo tanto nada justifica que tú te creas mejor que ellos porque quieras ver una “tragedia humana” y ellos un programa de descerebrados. Tu presunta filantropía, no es más que el bonito disfraz que pones a tus deseos subjetivos. No tienes derecho a creerte mejor que ellos ni tener buena conciencia por ello porque eres igual que ellos. Es más, también me atrevo a decirte que desde el punto de vista racional el que tiene peor comportamiento eres tú, porque el que quiere ver MHyV no se engaña ni reviste su deseo de una presunta universalidad y filantropía (alguno habrá, pero los menos), por lo menos sabe que el programa es una entretenimiento y ya está. Pero tú que te has quejado de ellos intentas vender a los demás que lo haces porque sientes que esas muertes son una tragedia universal, mientras que no escondes más que un deseo morboso, totalmente lícito por cierto y totalmente entendible (es lógico que desde la empatía nos afecte más lo que sucede cerca de nosotros que lo lejano), pero hipócrita. Y comprendido esto podemos afirmar que es igual de lícito, lógico y entendible que aquel que desea y prefiere ver un programa porque esas muertes no le son lo suficientemente cercanas. ¿O acaso podemos culpar a alguien por no sentir lo que nosotros?

Por eso debemos abstenernos de juzgar moralmente cualquier situación en la que los sentimientos estén implicados, porque como bien señaló Kant la ética no se puede basar en estos (contradiciendo así a Hume) y solo nos queda y cabe juzgar lo ético desde la racionalidad si es que eso fuera posible.

Pero esta última duda deberá ser plateada en otro lugar. Mientras tanto me voy a ver si ya ha empezado Mujeres, hombres y viceversa o lo han vuelto a retrasar.

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